Hace algunas semanas, tuvimos la posibilidad de asistir al 2º Congreso Wikimedia, Educación y Culturas Digitales. Desde Madrid fuimos Luis Deltell y Florencia Claes, representando a dos universidades públicas (UCM y URJC) y a un mismo grupo de innovación docente, InnovaWiki. Para Luis fue su primer encuentro presencial, después de nada menos que 18 años haciendo actividades con Wikipedia en el aula. Para Florencia, que empezó a editar gracias a Luis en la universidad, fue su segundo WECUDI y ya quiere ir al tercero.
Lo mejor de los encuentros, congresos y actividades presenciales es, sin duda, aquello que no cabe en los programas ni en las agendas: es el estar allí (ser y estar, a la vez). Ese pequeño regalo del encuentro entre personas, ideas y esperanzas. Ver los rostros, escuchar las voces, percibir una sonrisa o una duda en el tono de una pregunta y sobre todo notar la emoción ante el conocimiento libre.
En un mundo donde lo digital todo lo enlaza y, supuestamente, lo une, también lo filtra y lo deshace un poco. El encuentro personal recupera una verdad profunda: la ciencia y el conocimiento -libre- son también vínculos humanos, comunidades de afecto e inteligencia compartida y construida entre todas las personas.
Estos encuentros permiten reconocernos (o conocernos por primera vez en muchos casos). Reconocer en los otros no solo colegas, sino cómplices en un mismo propósito: pensar cómo, desde nuestros espacios, estamos construyendo una ciencia más abierta, más ética y más colaborativa. De ahí surgen las preguntas que atraviesan tantas de nuestras conversaciones.



Los proyectos Wikimedia y la educación no se deben reducir a ese gesto tan simplificador de redactar artículos en Wikipedia con el alumnado. La enciclopedia online es, por supuesto, una puerta (de bienvenida y, a veces, de discusión), pero el horizonte Wikimedia es mucho más extenso y rico. Hablamos de transformar nuestras prácticas mediante los valores de un conocimiento realmente libre. Los proyectos Wikimedia deben encarnar esa idea de ciencia compartida, pues son espacios/lugares para encontrarse. WECUDI es encuentro en movimiento, laboratorios de conocimiento compartido, lugares donde la inteligencia colectiva se hace visible y medible en la sonrisa, en la voz y en el abrazo de otras personas.
Por eso fue tan significativo asistir en Ciudad de México al II Congreso WECUDI, organizado con pasión, cariño y mucho acierto por Wikimedia México. No se trató de un congreso más. Se trató de celebrar una comunidad viva. El equipo anfitrión supo regalarnos una experiencia única y transformar la logística en hospitalidad, y el protocolo en entusiasmo. Cada actividad fue un recordatorio de por qué hacemos lo que hacemos: porque creemos en el poder del conocimiento libre, en su potencial transformador, en su capacidad para reconstruir los lazos entre quienes enseñan, aprenden, investigan y difunden. WECUDI no es solo un encuentro académico: es una experiencia colectiva, una red tejida con ideas y emociones, una utopía realizable.
Los espacios como WECUDI son necesarios porque nos permiten compartir no solo resultados de investigación (eso ya lo hacen las revistas académicas), sino estrategias de vida y de conocimiento. Nos ayudan a pensar cómo lograr que los proyectos Wikimedia se integren de manera más profunda en los sistemas educativos, cómo conseguir que nuestras investigaciones adquieran visibilidad y reconocimiento a través de plataformas abiertas, cómo traducir los valores de apertura y colaboración en estructuras institucionales concretas. Y, sobre todo, nos invitan a no olvidar las raíces de este movimiento: la convicción de que el conocimiento solo tiene sentido si circula, si se comparte, si se convierte en bien común entre personas.
Sin duda, los encuentros presenciales tienen un poder transformador. Nos hacen conscientes de las diferencias culturales, institucionales o sociales que existen entre países, pero también de la fuerza de los puntos en común. Nos obligan a pararnos, a escuchar, a matizar, a entender cómo algo que no funciona en un contexto puede florecer en otro. En esos matices, en esas conversaciones cara a cara, surge la empatía. Y de la empatía nacen las colaboraciones más sólidas, las ideas que no se apagan al cerrarse el ordenador.
En cada congreso como este reaparece una certeza: pertenecemos a un movimiento que transforma y que se transforma. Ese orgullo (que a veces se quiebra) de pertenencia es más que una emoción: es una forma de responsabilidad. Wikimedia, en todas sus expresiones, encarna la defensa de un internet libre, pero también el compromiso con un modelo cultural alternativo. Somos quienes sostienen la llama de la apertura, quienes imaginan la educación y la investigación como derechos, no como mercancías. En nuestras manos no está solo la información, sino la posibilidad del cambio.
Por último, fue un acierto que este encuentro se celebrara en México, pero sobre todo en el Centro Cultural Universitario Tlatelolco. Pocas sedes habrían podido condensar con tanta fuerza los significados simbólicos de este movimiento: modernidad y memoria, utopía social y herida histórica, arquitectura del futuro y ruina del pasado. En Tlatelolco —donde se cruzan las tres culturas, mucha esperanza y mucho dolor, la promesa del urbanismo moderno y la tragedia del 68— se siente con particular nitidez el pulso de la historia mexicana. Celebrar allí el congreso es reconocer que el conocimiento libre también tiene una dimensión emocional y política: dialogar con las capas del tiempo, abrir los espacios del saber donde antes hubo silencio, y afirmar, desde la palabra compartida, que la memoria y la colaboración son nuestras verdaderas fundaciones.
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