Documentar la lucha feminista desde adentro: una experiencia de memoria visual y cultura libre

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Autoría: Titi Nicola | CC-BY-SA-4.0

Te quiero libre

El derecho a decidir también atravesó, en ese incipiente 2018, en la ciudad de Santa Fe, Argentina, la forma en que se construyó cultura. Fue una invitación concreta a documentar nuestra historia en primera persona, mientras sucedía, y con la libertad de elegir cómo narrarla.

Habitar los feminismos y los espacios elegidos para disputar sentido habilitó la posibilidad de contar desde adentro la propia historia del movimiento de mujeres y disidencias. Contar con herramientas, la palabra, la imagen, la forma, fue una razón más para construir ese presente que se estaba viviendo.

Desde ese lugar, y en el poder narrativo adjudicado al activismo visual, elegir hablar de y desde la imagen fue central. El disparo fotográfico, que retrata, selecciona y recorta un fragmento de realidad, permitió contarle a otres lo que se vivía en círculos de confianza cargados de sentido, lucha y esperanza. Espacios desde donde se intentó derrumbar aquello que oprimía.

Querer, creer, crear

El desafío comenzó por animarse a contar. La mirada subjetiva, ya imposible de separar de los sentidos políticos, se volvió una herramienta legítima. Las activistas feministas y las fotógrafas militantes que registraron el movimiento supieron cómo decir lo que querían y lo hicieron por sí mismas. El trabajo estuvo en rescatar, de ese tiempo líquido de lo noticioso, las imágenes capaces de documentar la lucha que se buscaba: la de los cuerpos no hegemónicos, la de los rostros litoraleños, la del amor y los abrazos, la de las manos que caminaban juntas.

Paula Kindsvater lo expresó con claridad al compartir su práctica: deconstruir, revisar y resignificar fueron verbos que guiaron la producción y liberación de imágenes de la lucha feminista y disidente. En ese proceso, se consolidó una forma propia de narrarse en imágenes, un discurso visual que necesitaba circular, ser reapropiado y ganar espacio en el escenario comunicacional.

Autoría: Paula Kindsvater | CC-BY-SA-4.0

La organización colectiva también fue clave. Muchas activistas, con pantallas en mano, miraron lo mismo desde ópticas distintas. Ese registro plural fortaleció la idea de que apropiarse y resignificar los espacios digitales era una apuesta concreta a la sororidad digital y al aprendizaje compartido.

Desde Wikimedia Argentina, Constanza Verón aportó una lectura estratégica: la historia de las mujeres arrastraba una deuda estructural en términos de acceso a la información. Las narraciones visuales replicaban estereotipos de la historia escrita, invisibilizando o distorsionando las experiencias de mujeres y disidencias. Esa constatación reforzó la necesidad de producir y liberar imágenes desde otras miradas.

Derecho a decidir

Crear también implicó decidir qué pasaría con ese material. Saber expresarlo al momento de compartirlo fue parte del empoderamiento. En ese marco, la cultura libre apareció como una convicción política: libre acceso a la información y construcción colaborativa del conocimiento.

Las licencias Creative Commons funcionaron como una herramienta clara para definir condiciones de uso, circulación y transformación de las obras, sin renunciar a la autoría. Liberar no fue un gesto ingenuo, sino una decisión estratégica sobre cómo debía circular la cultura.

Como señaló Kindsvater, liberar imágenes implicó tensiones, pero también abrió el camino hacia representaciones más inclusivas y diversas. Documentar y liberar la producción, desde prácticas amateurs o profesionales, fue una forma consciente de construir cultura y afirmar un discurso propio.

Una historia abierta, libre y gratuita

Autoría: Agustina Girardo| CC-BY-SA-4.0

Hablar de una historia abierta significó pensar en accesos sin restricciones. Hablar de historias libres implicó obras pensadas desde el inicio como plurales, apropiables y en permanente construcción. Y hablar de historias gratuitas fue poner a disposición fragmentos de memoria que, combinados, narraran un universo colectivo, sin negar el valor del trabajo ni sus condiciones materiales.

Liberar o donar imágenes no implicó perder derechos, sino elegir cómo circularlos. Fue una decisión política: garantizar el derecho al acceso a la historia y a la cultura en igualdad de condiciones.

Repositorios como Wikimedia Commons consolidaron ese enfoque. Todo lo que llegó a Wikipedia había sido previamente liberado por personas e instituciones. En ese ecosistema, iniciativas locales, como las coberturas colaborativas feministas del Litoral, demostraron el valor de construir archivos abiertos, diversos y situados.

Pensar la libertad de la imagen desde una perspectiva documental también significó correrse de la exigencia estética hegemónica. Contar desde adentro, priorizar el mensaje por sobre la forma y asumirse como productoras de memoria fue parte del aprendizaje colectivo.

Donar imágenes a archivos abiertos permitió resguardar la historia para las generaciones futuras. Caminar la lucha, retratar los momentos claves y poder decidir sobre esa construcción cultural es un modo de ser libres. Y como dice Rebecca Solnit “la capacidad de contar tu propia historia, sea en palabras o en imágenes, ya supone una victoria o una rebelión”.

➲ Ver Coberturas Colaborativas – mesa niunamenos – Santa Fe – Argentina en Wikimedia Commons

➲ Ver Coberturas Colaborativas – Paraná Entre-Ríos – Argentina en Wikimedia Commons

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