Abro mi navegador, escribo la palabra «Casa», presiono Enter y espero a que se cargue la página. Esta es mi forma de revisar mi conexión cuando parece que Internet no está funcionando. Si todo sale bien, el primer enlace que aparece en la pantalla es http://es.wikipedia.org: Casa – Wikipedia, la enciclopedia libre. En línea, la mayoría de las búsquedas relacionadas con el conocimiento nos llevan a Wikipedia. Incluso me atrevería a decir que son todas.
Durante mucho tiempo, la plataforma me pareció una especie de «metaconocimiento»: una entidad compleja y abstracta, claramente más allá de las capacidades de cualquier usuario.
Mi primer encuentro real con este «poder metacognitivo» tuvo lugar hace poco más de tres años. Debo admitir que al principio no fue una experiencia agradable ni fluida; al contrario, me pareció extremadamente confusa. No me refiero al acto de consumir el contenido, sino más bien al de crearlo. Mi primer intento de editar me demostró que realmente me enfrentaba a un sistema complejo e incomprensible.

Pero en toda historia entretenida hay un giro inesperado que cambia el curso de los acontecimientos. El mío tiene nombre y usa lentes: mi amiga «Wikimaster». Su invitación y su interés genuino en que le diera una segunda oportunidad a la plataforma, explicándome con paciencia cómo funciona la creación colectiva, me llevaron a mi primera interacción efectiva.
A medida que seguía subiendo fotos, describiéndolas, etiquetándolas y agregando epígrafes, me di cuenta de dos cosas: primero, que el proceso no es tan difícil y que cada pequeña contribución cuenta; segundo, que me había acostumbrado a la inmediatez, a la simplicidad de los resultados fugaces y al placer de la gratificación instantánea. En Wikipedia, las cosas no funcionan así.
En un entorno socio-digital dominado por la gratificación instantánea, colaborar en Wikipedia te obliga a tomarte las cosas con calma y a comprender el valor de la permanencia.
Hoy, después de haber editado, escrito y revisado artículos —además de haber aportado fotografías con el objetivo de difundir conocimiento en lugar de buscar los «me gusta» que suelen impulsar las redes sociales—, me siento seguro al afirmar que Wikipedia no es un metapoder; es un espacio horizontal donde compartimos lo que sabemos y donde, al interactuar con el conocimiento compartido por otros, también aprendemos. No me considero un experto, sino más bien un entusiasta: alguien que experimenta y disfruta de un ecosistema que abre puertas para conectarse, crear y lograr objetivos.
Algo que realmente me sorprendió fue descubrir que cada reunión se rige por las Políticas de Espacios Amigables. A primera vista, podrían parecer simples reglas de convivencia básica: respeto por las ideas y circunstancias de cada persona, no discriminación, valorar las opiniones de los demás… lo de siempre, ¿verdad? … ¡Pues no! Eso no es lo que vivimos a diario. En nuestra vida cotidiana, estamos acostumbrados a que la empatía por el bienestar de los demás se considere un acto excepcional de altruismo, no una regla común de convivencia que desencadena protocolos de acción y respuesta. Aquí, la empatía no es una obligación, sino la base para construir el entorno. No es la voz del más fuerte la que prevalece, sino el diálogo y la expresión libre y genuina. Al menos, esto es lo que experimenté.

Bajo esta estructura diseñada para permitir que la libertad multifacética prospere, se vuelve claro que construir conocimiento libre no es solo una tarea académica, sino una visión y una metodología. Aquí, el fin no justifica los medios; más bien, son los medios y los métodos los que, paso a paso, lo construyen. Así, el resultado final deja de ser una meta estática y se convierte en un proceso vivo que de forma constante se renueva, crece y diversifica.
Recientemente terminé el curso «Habilidades digitales verdes en Wikimedia», organizado por Wikimedistas de Uruguay (WDU), donde personas voluntarias de diferentes nacionalidades pudieron compartir sus conocimientos. Al igual que en cada encuentro y experiencia de Wikimedia, se podía sentir el entusiasmo por compartir, por difundir el conocimiento y por ayudar a los demás. Entonces: ¿existe este «METACONOCIMIENTO»? Definitivamente sí, pero no es un logro individual; más bien, es una responsabilidad compartida, forjada por cada colaborador o colaboradora, editor o editora.
Ahora sé que es una herramienta al alcance de todos y sobre la que todos pueden construir, una que no se limita al ámbito digital; es una comunidad que facilita y comparte la sabiduría que cada uno de nosotros ya posee. Lo que es verdaderamente «meta» reside en cada editor que construye, clic a clic, una enciclopedia de referencia que sin pretender ser una fuente primaria difunde lo más cercano a la verdad: el conocimiento que es producto de un esfuerzo colaborativo, que busca estar libre de sesgos individuales porque nos pertenece y es creado por todos.

¿Cómo pasé de ser alguien torpe a la hora de subir fotos a promover proyectos interinstitucionales (una actividad que ahora me tiene nadando en aguas profundas y placenteras)?
No lo sé; tal vez aplicando lo que aprendí, o quizás porque quiero que todos vean lo que yo ahora veo. Lo más probable es que cuando cuentas con el apoyo de personas que saben que conectarse, actuar y lograr resultados es el camino a seguir, el camino se vuelve más sencillo y el viaje es muy divertido.
Y así es como comienza mi WikiAventura (que ya no es solo una historia).
¿Cómo puedo terminar un artículo que describe un comienzo?
(R: Es paradójico, porque esta aventura no ha terminado; solo se han escrito y leído las primeras páginas. Solo espero que haya suficiente tinta y papel para lo que está por venir.)
R: No lo haré.
Ah, por cierto, compartí un par de fotos más arriba; ya sabes, para alguien que vive y disfruta del mundo visual, tampoco hay buenas aventuras sin imágenes.
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